Lost in… Iceland. Día 2

Objetivo del segundo día en Islandia: fotografíar todos los caballos de la isla 😉 y recorrer la península de Snaefellsnes, una de las zonas más bonitas del país. Después de cargar pilas en el hotel Á y de escalar las columnas de basalto de Gerduberg, nos adentramos en el oeste con la boca abierta con nuestro pequeño Golf. A la derecha, montañas inmensas y cascadas por todas partes. A la izquierda, la playa de Islandia, casas solitarias y el infinito!!!!

El tiempo en Islandia

Ese día pudimos comprobar que el dicho más famoso sobre el tiempo en la isla, del que ya os hablé en otro post, era verdad: «Si no te gusta el tiempo en Islandia, espera cinco minutos». De la lluvia torrencial, al sol del Caribe. Del viento extremo, a la calma más absoluta. Después de hacer una parada técnica en el único bar que había en decenas de kilómetros, y en el que curiosamente trabajaba un chico de Zaragoza!!!, llegamos a la iglesia negra de Budir. El escenario es perfecto y hasta te hace pensar que alguien la puso allí solo para la foto de Instagram.

El camino por la península bordea toda la costa. Cuanto más al oeste, más acantilados. Llegamos a Arnarstapi y Hellnar, con  sus arcos en el mar en plan las Catedrales y sus rocas llenas de pájaros. La carretera en esta zona es alucinante. De repente te ves rodeada de formaciones extrañas recubiertas de musgo, como pequeños cojines verdes de hierba. Son los campos de lava, una de las señas de identidad de Islandia. También hay sitio para ver nieve, muy al fondo. El trayecto te lleva directo al parque natural de Snaefellsjokull, donde puedes sentir, como en La Carretera, que eres el único habitante de la tierra.

Cena con vistas

Ese día tenía reservado un local muy cuqui para cenar. Está en el pueblo de Grundarfjordur y se llama Bjargarsteinn Mathús. Es muy muy bonito, con sus servilletas con frailecillos pintados y sus vistas a la montaña de Kirkjufell, la misma que sale en la peli de «La vida secreta de Walter Mitty». Probamos el salmón y un pollo muy rico que ya me gustaría tener ahora delante ;). También disfruté de la primera (y casi única) cerveza islandesa. Una rica caña al «módico» precio de 10 euros.

Como no se hacía de noche, después de cenar seguimos de ruta. Nos quedaba por ver de cerca la montaña con forma de helado de crema de Kirkjufell y la cascada que hay al lado, Kirkjufellsfoss. Pero la mayor sorpresa me esperaba en el camino de regreso a nuestro siguiente hotel, Hraunsnef Country Hotel . Con la luz de las diez de la noche de fondo y las montañas de la península de Snaefellsnes como escenario vivimos en directo como se formaba el arco iris más bonito del mundo. Si a esto le sumas que el cielo se volvió completamente rosa a las doce y media de la noche, solo os digo que ese día no daba crédito a todo lo vivido.

¡Espero que os gusten las fotos! ¡Besos y muchas gracias por vuestras visitas y comentarios!














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