Lost in… Iceland. Día 6

Jokulsarlón Islandia glaciar

El sexto día en Islandia me levanté como una niña pequeña. Estaba muy emocionada porque iba ver glaciares por todas partes. En concreto uno, los que desembocan en la laguna de Jokulsarlón, uno de los más famosos de Islandia. Esa noche habíamos dormido en Lilja Guest House, en el sureste de la isla. El hotel estaba muy bien, totalmente nuevo. Tanto que solo llevaba abierto desde abril. De hecho, cuando reservé en Booking solo tenían puestas las fotos de los planos, glubs, cosa que me dio un poco de miedo. Pero leyendo los comentarios vi que existía, así que me la jugué y acertamos. Es algo habitual a lo largo de toda la isla, sobre todo en las zonas en las que se concentran los turistas, como el oeste o el sur: el turismo en Islandia está creciendo y con él el número de alojamientos.

Jokulsarlón

Llegamos al glaciar y flipamos. Hay un puente que atraviesa justo su desembocadura en el mar. La sensación es de estar en otro planeta. Hay varias zonas de aparcamiento para explorar Jokulsarlón, nosotros empezamos por el punto de encuentro para las excursiones en barco. Ese día hacía muchísimo frío y el tiempo no podía estar peor. Pero al final, con un poco de paciencia, esperamos en el coche y paró de llover. Mientras caían las últimas gotas de lluvia compré un café para llevar bien calentito y, mientras lo sorbía poco a poco me dirigí al glaciar. Os aseguro que no hay mayor placer. Daba igual el frío y el viento. Puedo decir que fue el mejor café que me tomé en mi vida.

Felices como perdices bajamos a la playa de arena negra para estar más cerca del hielo. La verdad es que el paisaje impresiona. También tuve el valor de coger en la mano un trozo de hielo. Estaba frío, quizá no tanto como aparenta. O puede que ya tuviese las manos inmunizadas después de soportar las inclemencias de un día de perros. Tengo que reconocer que hubo un momento en el que me bajé de la nube y fue consciente de la realidad: delante de mi vi como se rompía un bloque de hielo. Se estaba derritiendo a pasos agigantados.

La catarata negra

Ese día tenía claras las dos paradas que quería hacer. La primera la había cumplido con nota, Jokursalon. La segunda era la cascada de Svartifoss, en el parque natural de Skaftafell. La había visto en fotos y había leído sobre ella muchas noticias. Las columnas de basalto negras sobre las que cae el chorro de agua forman parte de las escenas de «Juego de Tronos». Pero llegar a esta cascada no era fácil. Para disfrutar de lo bueno hay que sufrir. Así que nos dispusimos a caminar los 1,8 kilómetros cuesta arriba que separan el centro de visitantes de la cascada. A mitad de camino, y cuando ya me había quitado toda la ropa que llevaba encima, pensé si realmente merecía la pena todo el sufrimiento para ver la cascada más bonita de Islandia. Sí, para mí todas merecían ese calificativo. Y tanto que merecía la pena. Allí, en el medio de una montaña verde apareció Svartifoss. Creo que la fotografié de todas las formas posibles, jajaja.

El resto del día, o lo poco que quedaba de él, lo dedicamos a disfrutar de los increíbles paisajes del sur, con más cascadas que caen sobre casas a los pies de las montañas, muchos caballos salvajes y ovejas. Una ruta increíble hasta llegar a nuestra siguiente base: el hotel River.

¡Espero que os guste! ¡Nos vemos mañana!

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