Pequeños placeres: poner una mesa campestre en Corme

mesa campestre

Mi mayor placer de la nueva normalidad es escaparme siempre que puedo a mi casa natal en Corme. Allí puedo seguir escuchando a los pajaritos, tumbarme al aire libre y prácticamente sola. Hacer churrascos y dar paseos por caminos entre leiras de hierba amarillo verdosa. Comer fuera de casa en el pequeño alpendre de piedra se ha convertido en un clásico de la post cuarentena. Montar la mesa de caballetes y sacar toda la vajilla heredada de mi abuela es una de las cosas que más felices me hace. Y hoy quería compartir con vosotros el pequeño placer de poner la mesa, de recuperar platos antiguos y darle una nueva vida.

Tomates y flores silvestres

Poco se necesita para montar una mesa campestre. Seguro que en casa de vuestros abuelos hay tesoros guardaros en chineros de madera maciza y mármol. La favorita de mi abuela es una con unas flores con el centro. Me encantan esos platos, no sé si por lo especial que son (me recuerdan a ella aunque creo que nunca los usamos en casa cuando era pequeña). Desde que vi Call me by your name sueño con unas copas de vino talladas. Otra de las cosas que me gusta usar para poner la mesa son flores silvestres. Antes de comer siempre doy un paseo por el pueblo en busca de las mejores. Y algo que nunca falla a la hora de poner la mesa: usar naranjas, limones o, como en ésta que es enseño hoy, unos simple tomates.

Tengo más planes para la casa de Corme. El siguiente es pintar una pequeña pared de rosa. Sí, como os contaba en este post, tengo una pequeña obsesión con este color.

Y vosotros, ¿qué placeres habéis descubierto en la nueva normalidad? ¿Cuál es vuestra actividad favorita? ¿Cómo montáis vuestra mesa campestre?

¡Besos y muchas gracias por vuestras visitas y comentarios!

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