Lost in… California. Algún día volveremos a Big Sur

Suenan los primeros acordes de Cold Little Hear, de Michael Kiwanuka, y aparecen los arcos gigantes de Bixby Creek Bridge. Cruzan el famoso puente de California Madeline, Celeste, Jane, Bonnie y Renata, cada una al volante de su coche y enfrascadas en sus pensamientos. Así empieza Big Little Lies y así me imaginaba yo por la costa de California durante nuestro viaje por carretera de agosto de 2019. Como fan total quería recorrer cada uno de los escenarios de la serie de HBO. Tomar un café en el puerto de Monterrey, cruzar conduciendo el puente de Bixby, caminar por la playa de Garrapata. Y todo eso lo pude hacer en nuestra segunda jornada en la carretera por California, que nos llevó de Monterrey a Cambria, atravesando los increíbles bosques y acantilados de Big Sur. ¿Preparados para cerrar los ojos y dejaros llevar?

El café de Celeste: Paluca Trattoria

Nos levantamos en Carmel By The Sea en nuestro hotelito: Briarwood Inn. Después de un desayuno a lo Clint Eastwood nos fuimos a descubrir Monterrey. El camino está lleno de casitas escondidas entre árboles y de carreteras estrechas levantadas por las raíces de los árboles. Todo parece de cuento. En Monterrey tenía varias direcciones apuntadas: la primera el café Light House, una casa roja y blanca donde sirven sin parar brunch con huevos y tortitas. Segundo café y más cafeína para subir revoluciones y prepararme para lo que estaba por venir.

Antes del viaje a USA investigué dónde estaban los escenarios de Big Little Lies en Monterrey. Uno de ellos es la famosa cafetería del muelle en la que quedan las protagonistas en la primer temporada. El café es en realidad un restaurante italiano. Se llama Paluca Trattoria y es fácil de encontrar. Está en el muelle Old Fishermans Wharf y en la puerta te dan la bienvenida que no deja lugar a dudas: aquí está la mesa en la que Madeline, Celeste y Jane toman café y hablan entre ellas. Foto de la escena de la serie y foto de la mesa real. Ocupé el puesto de Celeste, me hice una foto y seguimos ruta. Frente al muelle hay focas disfrutando al sol. Al fondo del muelle hay tiendas de caramelos y marisco. Y más al fondo, un mirador y más foquitas.

Lovers Point y Pebble Beach

Siguiente parada en la ruta Big Little Lies: el parque de Lovers Point. En este parque de los enamorados lleno de ardillas hay una preciosa calita para descansar y tomar el sol. Aquí Jane se monta un picnic con su hijo y le explica. Forma parte de Pacific Grove, la carretera bordea el mar por un lado y por el otro se levantan preciosas casas californianas con vistas al agua. El camino nos llevó directos a Pebble Beach, un parque y urbanización privado en el que hay que pagar 10,50 dólares si queréis acceder. Si hacéis el tramo San Francisco-Los Angeles por la costa veréis que esto es muy habitual: muchos parques y playas son privadas y hay que pagar para entrar.

Pebble Beach está lleno de campos de golf. De hecho es uno de los escenarios del US Open. Dentro hay más mansiones en las que la arena de la playa llega hasta la puerta. Uno de los hoyos más impresionantes del campo de golf se asoma al acantilado y se levanta sobre la impresionante playa de Carmel. Hay carteles que advierten de tsunamis. Da un poco de miedito: cómo es posible que el mar, que parece tan tranquilo, pueda enfurecerse tan rápidamente. La arena es fina, las carreteras muy estrechas. Sopla un poco de viento, que trae el sonido de los niños jugando en la playa.

Dirección Big Sur

Con mucha pena dejamos atrás Monterrey y Carmel. Ya estamos de nuevo en la Highway 1, la carretera del Pacífico. Nos esperaba por delante un tramo maravillo, pegado a acantilados y con el Pacífico de compañero. Busqué en Spotify una lista que pegase para ponerle banda sonora al camino. Momento surf & Rock era la perfecta. La verdad es que la lista de sitios en los que parar a lo largo de la Highway 1 es casi infinita. Nosotros hicimos un stop and go en la playa de Garrapata, otro de los escenarios de Big Little Lies. De ahí al famoso puente con el que empezaba el post: Bixby Creek Bridge. Lo encontraréis fácilmente. Se forma un pequeño lío porque hay mucha gente, pero con cabeza y paciencia hay tiempo para hacerse una foto con los arcos de Bixby Creek Bridge de fondo. Os recomiendo ir con cuidado: la gente se deja llevar por conseguir la mejor foto y no tiene en cuenta la pendiente enorme que espera como des un paso en falso.

El balcón al Pacífico de Nepenthe

Me puse al volante del Jeep Grand Cherokee. Y así, con de fondo Cold Little Hear, crucé conduciendo el mismo puente que las protagonistas de Big Little Lies. Y empezamos a bajar por la costa californiana. El camino está lleno de curvas con miradores. Pararía en todos para hacer fotos y vídeos. Y así hasta que, de repente, te pierdes en el medio de un bosque de árboles gigantes. No hay duda: acabamos de colarnos en la región de Big Sur. Aquí hay una parada obligada: el restaurante Nepenthe. Tiene una terraza con unas vistas increíbles sobre el Pacífico. Una maravilla. El restaurante es uno de los pocos que encontraréis en este tramo. No es una zona con demasiado servicios, así que conviene salir con el depósito cargado y el maletero lleno de comida y agua para el camino.

Además de Nephente podéis apuntar dos sitios más para visitar en Big Sur: la terraza del hotel Ventana y la galería de arte con café y forma de cilindro de Coast Gallery. Las vistas del mar y el bosque desde sus ventanas con forma de ojo de buey son impresionantes. Es difícil describir todo lo que viene a continuación: las curvas de la carretera, el sol poniéndose a la derecha, el cielo volviéndose naranja, el mar… Llegamos a la famosa cascada de McWay. La escena parece de película: el agua cayendo de la montaña, una playa perdida, el bosque y el mar.

Nuestro segundo día en la carretera está a punto de acabarse. Nuestro objetivo era llegar a Cambria, donde teníamos reservada una habitación en un hotel de carretera frente al mar, Cambria Beach Lodge. Vimos toda la puesta de sol desde la carretera, son increíbles los colores que se forman en este momento mágico. Llegamos a Cambia justo a tiempo para hacer una pequeña compra en un supermercado orgánico y despedirnos de este maravilloso día desde la terraza chill del hotel.

Y hasta aquí esta pequeña aventura por Big Sur. Prometo ser más breve la próxima vez. Os mando muchos besos y abrazos!

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